Todos los días me vienen a la mente
los hombres que vivieron para glorificar a Dios. Estos últimos días tengo muy
presente a Noé, porque mi sobrino mira todos los días la película “Noé salva a
los animales”.
Pienso primeramente en la confianza
de este personaje, la confianza absoluta en el Padre. ¿Cuántos hubiéramos
podido creer al Señor cuando dijo que iba a mandar un diluvio para borrar de la
faz de la tierra a todos los hombres? ¿Cuántos lo hubiéramos aceptado?
Y no sólo eso, sino que además, ¿nos
hubiéramos puesto a hacer un arca gigante para salvar a los que obedecieran a Dios?
Génesis 6:22 nos muestra que Noé no dudó: “Y lo hizo así Noé; hizo conforme a
todo lo que Dios le mandó”. Sin preguntar. Confiando. Dios no le dijo lo qué
haría con él luego de que el diluvio cesara, pero Noé actuó igual, sin poner condiciones.
Muchos dirán: ¿no hubiera sido más fácil
que el Señor se llevara a Noé, junto con su familia, antes de que “las
cataratas de los cielos” fueran abiertas, y después lo devolviera a la tierra
para que se multiplique?
Desde luego que era más fácil, pero nuestro Padre
Celestial ¡¡quiere usarnos!!
“Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento
cincuenta días” (Génesis 7:24). Me imagino a Noé y toda su familia dentro del
arca, esperando durante muchos días, sin saber qué iba a ser de ellos… Me viene
una imagen de esas personas, en medio de la oscuridad, de quejidos de animales,
de impaciencia, de preguntas. Seguramente padeciendo muchas incomodidades.
Durante los cuarenta días que duró el diluvio, habrán
escuchado el rugir del viento, preguntándose cuándo acabaría. ¡Habrá sido eterno
ese tiempo allí dentro!
Muchas veces estamos como dentro de
un arca, esperando a que baje el agua, para ver qué surge en la superficie, qué
es lo que nos va a mostrar el Señor. Se hace duro, nos impacientamos…A veces
perdemos la confianza porque no vemos resultados. ¡Pero Él tiene preparada
tierra fértil!
“…con Dios caminó Noé” (Génesis
6:9). Antes de que sobreviniera el diluvio, Noé había puesto su confianza en el
Señor. Amaba a Dios, lo glorificaba en un mundo donde los hombres se habían
olvidado de Sus mandatos. Dice la Biblia: “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió
en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres
que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves
del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los
ojos de Jehová” (Génesis 6:6-8).
¿Hallamos
gracia ante los ojos de Dios? ¿Vamos a dejar que nos utilice?
Tal
vez ahora mismo estés dentro de un arca esperando. Confía que el Señor tiene un
propósito para tu vida. Las aguas van a bajar y
vas a encontrar grandes tesoros.
“Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de
todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar”
(Génesis 8:20). Nunca olvidemos lo que Dios hace por nosotros, y agradezcámosle
en todo tiempo, como hizo Noé. A pesar de que en el camino pasemos aflicciones,
recordemos que “…a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto
es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Deposita tu
confianza en Dios.

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