miércoles, 23 de enero de 2013


Todos los días me vienen a la mente los hombres que vivieron para glorificar a Dios. Estos últimos días tengo muy presente a Noé, porque mi sobrino mira todos los días la película “Noé salva a los animales”.

Pienso primeramente en la confianza de este personaje, la confianza absoluta en el Padre. ¿Cuántos hubiéramos podido creer al Señor cuando dijo que iba a mandar un diluvio para borrar de la faz de la tierra a todos los hombres? ¿Cuántos lo hubiéramos aceptado?
Y no sólo eso, sino que además, ¿nos hubiéramos puesto a hacer un arca gigante para salvar a los que obedecieran a Dios? 

Génesis 6:22 nos muestra que Noé no dudó: “Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó”. Sin preguntar. Confiando. Dios no le dijo lo qué haría con él luego de que el diluvio cesara, pero Noé actuó igual, sin poner condiciones.

Muchos dirán: ¿no hubiera sido más fácil que el Señor se llevara a Noé, junto con su familia, antes de que “las cataratas de los cielos” fueran abiertas, y después lo devolviera a la tierra para que se multiplique?

Desde luego que era más fácil, pero nuestro Padre Celestial ¡¡quiere usarnos!!

“Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días” (Génesis 7:24). Me imagino a Noé y toda su familia dentro del arca, esperando durante muchos días, sin saber qué iba a ser de ellos… Me viene una imagen de esas personas, en medio de la oscuridad, de quejidos de animales, de impaciencia, de preguntas. Seguramente padeciendo muchas incomodidades.

Durante los cuarenta días que duró el diluvio, habrán escuchado el rugir del viento, preguntándose cuándo acabaría. ¡Habrá sido eterno ese tiempo allí dentro!

Muchas veces estamos como dentro de un arca, esperando a que baje el agua, para ver qué surge en la superficie, qué es lo que nos va a mostrar el Señor. Se hace duro, nos impacientamos…A veces perdemos la confianza porque no vemos resultados. ¡Pero Él tiene preparada tierra fértil!

“…con Dios caminó Noé” (Génesis 6:9). Antes de que sobreviniera el diluvio, Noé había puesto su confianza en el Señor. Amaba a Dios, lo glorificaba en un mundo donde los hombres se habían olvidado de Sus mandatos. Dice la Biblia: “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Génesis 6:6-8).

¿Hallamos gracia ante los ojos de Dios? ¿Vamos a dejar que nos utilice?
Tal vez ahora mismo estés dentro de un arca esperando. Confía que el Señor tiene un propósito para tu vida. Las aguas van a bajar y vas a encontrar grandes tesoros.

 “Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar” (Génesis 8:20). Nunca olvidemos lo que Dios hace por nosotros, y agradezcámosle en todo tiempo, como hizo Noé. A pesar de que en el camino pasemos aflicciones, recordemos que “…a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Deposita tu confianza en Dios.


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